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REPORTAJE


El periodista Hugo Roca vino al IE y elaboró un reportaje que refleja la visión desde afuera de una persona que no pertenece a la comunidad IE.

FRAGMENTO DEL REPORTAJE PUBLICADO EN LA REVISTA ELECTRÓNICA VAIVEN:

Proust, antitarimas y muchas guitarras, los días en el Instituto Escuela

19/03/2009.- Ante la innegable crisis existencial que marca el espíritu juvenil del siglo XXI, los sistemas educativos se han mostrado no sólo ineficaces sino promotores de abulia; desde 1987, al sur de la ciudad de México, existe un taller con fincadas raíces en el socialismo pedagógico español donde se pondera la libertad del conocimiento como única herramienta útil para que una joven y un muchacho puedan mantenerse en pie y peleando durante tiempos de incertidumbre, automatismo y confusión. ESPECIAL. Comunidad

 

Rumbo a Cuernavaca. Doblas en Insurgentes. Comienzas a subir. Desparece la ciudad. Lo urbano se va. A la capital de México se le descubre un insospechado pueblo. Callejas. Polvo. Lotes baldíos. Casitas con puertas de lámina y pisos de tierra. Perros vagabundos.
Sigues subiendo. No todo es tan rural. También hay esas antenas para que funcionen los celulares. Altas, terribles, emitiendo radiaciones nocivas que dejan ojos rojos y cabezas pesadas.
Bien, los gallos se están dejando ciegos pero cada cien metros hay fraccionamientos con puertas eléctricas y cámaras de seguridad.
“Aquí tiene que ser”.

 

UN CASTILLO
A mediados de la década de los ochenta, la UNAM era ejemplo de laicismo en la educación mexicana; empero, las secundarias y preparatorias laicas había adquirido las peores pestes de la educación católica: El maestro con un nimbo de deidad y la imposición del conocimiento.

Pútrida desde la raíz, la educación de libre cátedra no ofrecía un panorama halagüeño.

Herederas del legado menos explorado del exilio español, el socialismo pedagógico, un grupo de maestras provenientes la mayoría del Colegio Madrid no pudo soportar que los directores progresistas prohibieran el tú en la clases y decidieron pelear por fundar su propia escuela.
Finalmente, tras meses de haberlo buscado, obtuvieron 14 millones de financiamiento. “Pensamos que podíamos comprarnos el Castillo de Chapultepec, pero resultó que para comprar un edificio era nada”, Georgette Caamaño comandaba a las rebeldes y enfatiza que actualmente esos 14 millones tendrían tres ceros menos.
En ese entonces después de Ciudad Universitaria había kilómetros de terracería que servían para que los ricos pasearan a sus caballos, fincaran establos y construyeran pistas de carreras.
“Una amiga me llevó ahí, no había nada, sólo lodo y tierra, pero el cielo era de un cerúleo tan claro que no había duda”, planteó a la fratría comprar ahí un terreno. Todas estuvieron de acuerdo.
“Aquí tiene que ser”.

 

SALONES DONDE HABÍA PITS
Han pasado 23 años desde su fundación. El Instituto Escuela de México sigue ahí imperturbable. Al principio, en medio de la nada. Una escuela a la mitad de la naturaleza. Sin domicilio físico al cual escribirle cartas. “Pero la zona se fue poblando rapidísimo”.
Se hizo necesario abrir sendas de cemento y hoy tienes subir la calle Corregidora, pasar un tope tan grande como un monte y seguir subiendo por la prolongación hasta el número 592.
“El terreno que compramos era una pista de go-karts y los primeros salones fueron construidos donde eran los pits”, Georgette me señala dos construcciones simples, cemento y acero. Me asomo por la ventana y lo impensado, ¡una antitarima!
“No fue a propósito, pero el techo era tan bajo que los profesores se pegaban en la cabeza y tuvimos que hacer un desnivel”. Así, con los maestros dando clase un nivel debajo de sus alumnos, el Instituto Escuela ofreció cátedras que causaron odio y miedo en la comunidad educativa mexicana.
“¡Era absurdo!”
Después de dos guerras brutales y una niebla fría y lenta que cubrió cielos internacionales,

si algo sonaba lógico en 1986 era que la humanidad se replanteara la manera de asimilar el tener vida.

La suma de los valores y verdades que dominaron en cada una de las etapas históricas estuvo a punto de destruir a la raza entera; algo se había hecho terriblemente mal y parecía tiempo de frenar, emprender el regreso y comenzar de nuevo.

 

POR EL CAMINO DE SWANN
Entre paredes decoradas con reproducciones de van Gogh, Picasso y Escher, los estantes forman un laberinto de libros. Las bibliotecas están obligadas en hacer convivir el desorden con la calma: Frente a los libreros hay una pequeña sala de espera con un mueble que contiene revistas y sillones.
Incólume, tendido en cuero negro, un alumno lee Por el camino de Swamm, primera de las siete partes que integran la saga En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. “Aquí tenemos secundaria y preparatoria y desde el primer año dejamos claro que el arte es una experiencia”.
Lejos de acercar al alumno con las creaciones artísticas, los programas escolares reducen el arte a un mero anecdotario con fechas y nombres. Siendo el arte todo sobre sentir, “los obligamos a que nos digan qué emociones les causa la poesía”, da igual quién la escribió,

lo importante es que puedan interpretar las razones un suicidio por amor.

 

VICTORIAS CIENTÍFICAS
El ser humano pertenece a una raza de primates cuya manera de sobrevivir es pensando. La capacidad de pensar ideas le permite llevar su vida a diferentes lugares, algunos básicos, otros peligrosos y elevados.
Una de las disciplinas superiores de la intelectualidad humana es la ciencia. Los científicos han logrado trazar un camino para descubrir los inicios del hombre y misterios del tiempo que cuenta con el exquisito mecanismo de la autocorrección.
A pesar de avanzar lentamente, la ciencia no se da el lujo de estar equivocada mucho tiempo, se corrige a sí misma y sólo continúa su marcha cuando está cierta de avanzar sobre verdades.
“La ciencia para nosotros es prioritaria. La diferenciamos claramente de la tecnología y a pesar de las recomendaciones de la SEP, damos muchísima ciencia”.
Los alumnos del Instituto Escuela son los más premiados del Distrito Federal,

parecen ganarlo todo, ajedrez, matemáticas, música y karate.

A su vez, los libros de texto que se reparten gratuitamente en las secundarias son escritos por los maestros del Instituto Escuela. “No nos interesa competir con nadie, pero evidentemente estamos haciendo las cosas mejor que otros”.
Antes de despedirme, Georgette me lleva a su oficina y me muestra una imagen “ese es el primer logo del Instituto Escuela, el de la primera escuela española”.

En su oficina hay muchos cuadros y muchas guitarras, “lo cuadros son de los exalumnos y las guitarras aquí se las cuidamos a los alumnos actuales”.

 “Nuestros muchachos son apáticos como todos, pero los educamos a partir de lo que son. Intentamos hacer que se asombren por una sustancia blanca se vuelve morada como si fuera magia y que razonen para explicar el fenómeno”.
 Hugo Roca Joglar